jueves, 27 de diciembre de 2007

SER RAZONABLES. PEDIR LO IMPOSIBLE


Han sonado las trompetas y la tropa se ha puesto en marcha. ¡Y vaya tropa! Han sido pronunciadas las palabras mágicas:


¡Se abre el año electoral!


Cual entrada a un centro comercial el primer día de rebajas, miles de aspirantes a las poltronas subvencionadas con dinero público, es decir el nuestro, se apresuran, navaja en boca y dedo en ojo ajeno, a colocarse en las listas. Por un lugar ganador serán capaces de todo, políticamente hablando, claro. Traicionarán, venderán, jurarán fidelidad eterna y prometerán el sol la luna y las estrellas por ¿dinero? No, por poder.


Aunque parezca mentira, la inmensa mayoría de los políticos se presentan a las elecciones con el ansia de obtener ese parcela de poder, grande o pequeña, que se tiene al ganar el escaño. Descontando a la minoría de impresentables que lo hacen por dinero y a la otra que lo hace por romanticismo solidario y de servicio al pueblo, nos queda la amplia franja de los que quieren el poder.


No es malo aspirar al poder. Es legítimo y saludable. El problema se presenta cuando el poder, que es un préstamo del pueblo -no olvidemos que el poder reside en el Pueblo- se utiliza para beneficio propio o del partido que representas. Y no digamos si son minorías poderosas que manejan los hilos de la marioneta política en que se pueden convertir algunos políticos deshonestos.


Vamos a confiar en la honestidad de la mayoría de los políticos. Yo creo que la mayoría de los políticos son honestos. Otra cosa muy diferente es pensar que las cosas las hacen bien. Hay muchas cosas, demasiadas que no las hacen bien. Toman decisiones a espaldas del pueblo porque desde el pedestal del cargo, pierden la perspectiva de la tierra de donde salieron. Los políticos no son delincuentes, sólo se equivocan más de lo que toca. Un poquito más de cuidado en las decisiones a tomar y un poco más de información sobre lo que opinamos y la cosa pública irá mejor. Y no todos son iguales.


Chavales, empujar fuerte, que a los diplodocus no se les desplega de las poltronas ni con agua caliente. Las generaciones se deben renovar y dar paso a sangre nueva con ganas de llegar y con ideas renovadoras. Los años te hacen perder el respeto a lo que manejas a diario.


Un consejo más. Prometer poquito, que luego os salen los colores cuando se os echa en cara lo dicho en periodo electoral. Lo prometido es deuda. Y para nosotros, seamos razonables y pidamos lo imposible, que ahora lo dan todo.

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